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viernes, septiembre 18, 2026

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Sequía histórica en Centroamérica: 10 millones de personas al borde de una crisis alimentaria

Centroamérica.- El Corredor Seco Centroamericano vive una de las peores sequías que la región recuerda en décadas. Más de 10 millones de personas en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica enfrentan un golpe climático que ha encendido las alarmas entre los agricultores y que amenaza con escalar hasta convertirse en una catástrofe alimentaria de grandes proporciones.

Las temperaturas han llegado a los 42 grados, un nivel que reseca la tierra y hace prácticamente imposible mantener los cultivos de los que dependen millones de familias. El maíz y el frijol, los dos pilares de la dieta centroamericana, han sufrido pérdidas severas, lo que deja a las comunidades rurales sin la base de su alimentación diaria. Lo que antes se sembraba para el consumo propio hoy se pierde antes de llegar a la cosecha.

Detrás de esta emergencia está el fenómeno del Súper El Niño, que eleva las temperaturas superficiales del centro y este del Pacífico ecuatorial y altera los patrones globales de vientos y lluvias. Los meteorólogos advierten que alcanzará su punto máximo a finales de año, lo que anticipa un agravamiento de las condiciones en los próximos meses. La población, acostumbrada a convivir con eventos climáticos extremos, observa con desconcierto una severidad que no tiene precedentes en su memoria.

El campo, golpeado en todos los frentes

La escasez de agua ha castigado a todos los sectores del agro. El ganado muere o pierde peso por la falta de pasto y de fuentes de agua, y en zonas rurales del istmo los productores se ven obligados a vender sus animales a precios muy bajos antes de que mueran, sacrificando así el patrimonio que representaba su principal respaldo económico. La sequía no solo acaba con los cultivos: desarma la economía familiar de quienes viven del campo.

Los agricultores señalan que a la crisis climática se suman la carencia alimentaria y las dificultades económicas. Sin cosechas propias, muchas familias han reducido el número de comidas al día o deben comprar en el mercado lo que antes producían con sus propias manos.

En el Corredor Seco viven más de 10 millones de personas y, según Naciones Unidas, el 80% de los pequeños productores son pobres. Es decir, la sequía golpea con más fuerza a quienes menos tienen y menos capacidad de recuperación poseen.

Una advertencia que supera la región

El impacto no se limita a Centroamérica. Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, advirtió que El Niño podría dejar sin alimento suficiente a 16 millones de personas en América Latina. El efecto también alcanza infraestructuras estratégicas: en Panamá, el canal interoceánico, que funciona con agua dulce, ya tuvo que reducir el tránsito de buques, una señal clara de cómo el estrés hídrico repercute en el comercio global.

La emergencia del Corredor Seco condensa una paradoja brutal: las comunidades que menos contribuyen al calentamiento global son las primeras en sufrir sus consecuencias, y lo hacen sin los recursos necesarios para enfrentarlas. Con el Súper El Niño avanzando hacia su punto máximo, la región no solo afronta una sequía: afronta la amenaza de que millones de personas caigan en el hambre si la respuesta local, regional e internacional no está a la altura de la crisis.

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