Los peruanos elegirán el domingo presidente entre la derechista Keiko Fujimori, heredera de una dinastía política que los divide, y el izquierdista Roberto Sánchez: dos visiones diametralmente opuestas para un país socavado por la inestabilidad y la criminalidad.

Los candidatos presidenciales de Perú, la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez se dan la mano en un debate en Lima el 31 de mayo de 2026, antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 7 de junio
Keiko, hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori, busca la presidencia por cuarta vez consecutiva con estrecha ventaja frente a Sánchez, delfín del exmandatario Pedro Castillo, preso por un fallido autogolpe de Estado.
Desde la costa desértica hasta los Andes y la Amazonía, unos 27 millones de peruanos están convocados a las urnas para definir quién los gobernará por cinco años en un contexto de hastío por la delincuencia, la extendida corrupción y el caos político con ocho mandatarios en una década.
«Estamos entre la espada y la pared, entre satanás y el mismo demonio. No estoy de acuerdo con el comunismo ni con la derecha», expresó a la AFP Marco Sánchez, un taxista de Lima de 38 años, quien piensa anular su voto.

Unos chamanes sostienen carteles de los candidatos presidenciales Roberto Sánchez (izquierda) y Keiko Fujimori en un ritual para predecir quién ganará la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas en la playa de La Herradura, en Lima, el 1 de junio de 2026
El resultado es impredecible. Los sondeos muestran una cuarta parte del electorado indeciso ante dos candidatos con poco apoyo popular: Sumados no tuvieron ni el 30% de votos en la primera ronda del 12 de abril, plagada de fallos logísticos y denuncias de fraude.
En la segunda vuelta, Fujimori, administradora de empresas de 51 años, adelanta por apenas tres puntos a Sánchez, congresista, exministro y psicólogo de 57, reveló el domingo una encuesta de Ipsos.
– ¿Caos con «C» o con «K»? –
Fujimori, a quien muchos dicen ‘la china’ por sus ojos rasgados, promete mano dura en seguridad y acusa a Sánchez de llevar al país a la «destrucción» que atribuye a la izquierda: «Es una decisión entre orden o caos».

Los seguidores de la derechista Keiko Fujimori corean consignas frente al Centro de Convenciones de Lima antes del debate con Roberto Sánchez en Lima, el 31 de mayo de 2026, una semana antes de la segunda ronda presidencial del 7 de junio
Su rival, apoyado por ultranacionalistas, propone un «cambio radical» a favor de los excluidos. Como símbolo, lleva el sombrero campesino que le regaló Castillo, un maestro rural defenestrado cuando intentó disolver el parlamento en 2022.
El izquierdista, que asegura indultará a su mentor en caso de ganar, culpa a Keiko de la inestabilidad política por la influencia de su partido Fuerza Popular en el poderoso Congreso que tumba gobernantes.
«Caos se escribe con k de Keiko», dice Sánchez. Y ella replica con «c de Castillo».

Seguidores del candidato presidencial izquierdista Roberto Sánchez ondean banderas en Lima antes de un debate con la derechista Keiko Fujimori el 31 de mayo de 2026
En la última década, Perú tuvo un promedio de casi un mandatario por año, inédito en la región. El ganador del balotaje sustituirá a partir del 28 de julio a uno interino, el izquierdista José María Balcázar.
Sin haber logrado mayoría legislativa en la elección de abril, el futuro presidente lidiará con un Congreso que, después de tres décadas, vuelve a ser bicameral.
«Está en juego la institucionalidad democrática, lamentablemente desde hace años», dijo a AFP Patricia Zárate, analista del Instituto de Estudios Peruanos.
– Al pueblo, migajas –

Una mujer sostiene una bandera peruana durante una marcha contra la candidata de derecha Keiko Fujimori en Lima, el 30 de mayo de 2026
Ser hija de un expresidente condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción la ha privado de la silla presidencial, pero Keiko apuesta a que el miedo al crimen desenfrenado incline a los peruanos hacia un liderazgo fuerte como el de su padre en la década de 1990.
«Voy a votar por ‘la china’ porque espero que tenga ese gen de su papá para que cambie esta situación», afirmó en un mercado de Lima Hugo Rojas, vendedor de panes de 54 años.
Fujimori promete expulsar migrantes y militarizar las calles y cárceles para acabar con los criminales con «la misma determinación», dice, con la que su padre derrotó a los insurgentes de Sendero Luminoso y el MRTA.

Carmen Méndez llena una olla con agua para empezar a cocinar en el comedor social en el distrito de San Juan de Lurigancho, Lima, Perú, el 28 de mayo de 2026
Sánchez propone una purga policial, apoyo de los militares y la derogación de leyes flexibles con los criminales, pero habla de respeto de los derechos humanos.
En 2025 hubo 26.500 denuncias de extorsión, nueve veces más que hace cinco años. En la región de Lima se triplicó la tasa de homicidios con 23 por cada 100.000 habitantes, según datos oficiales.
«Estamos indignados con los políticos corruptos que dejan al pueblo migajas. Si no pago cupo (extorsión), pongo a mi familia en riesgo, y si no trabajo no como», reprocha el mototaxista Oliver Cotera, de 50 años.
Pese al caos político, el futuro presidente recibirá una economía que en 2025 creció 3,4% y tuvo la inflación más baja de América Latina. Como contracara, se disparó la minería ilegal y siete de cada diez trabajadores están en la informalidad.
Fujimori, que recuerda la estabilidad de la economía en el gobierno de su padre, aboga por la inversión extranjera, y su adversario por una economía estatal.
©AFP



