
Nashville, Tennessee.- Lo que parecía el final del camino para Tony Carruthers terminó siendo una prórroga inesperada. El estado de Tennessee intentó ejecutar al recluso de 52 años la mañana del jueves en la Institución de Máxima Seguridad Riverbend, pero la aplicación de la inyección letal resultó un rotundo fracaso.
Según información oficial del Departamento de Correcciones de Tennessee, el equipo médico logró encontrar una «vena primaria», pero no pudo localizar la denominada «línea de respaldo», una segunda vena necesaria para completar el procedimiento. Durante más de hora y media, los encargados intentaron agujas en distintas partes del cuerpo del condenado, pero ninguna funcionó.
«El equipo continuó siguiendo el protocolo, pero no pudo encontrar otra vena adecuada. Se intentó insertar una línea central conforme al protocolo, pero el procedimiento no tuvo éxito. La ejecución fue cancelada», rezaba el comunicado oficial.
La ejecución estaba programada para las 10 de la mañana, pero se retrasó mientras los equipos legales esperaban una decisión del Tribunal Supremo de EE. UU. sobre una solicitud de suspensión de emergencia presentada por la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU). El alto tribunal rechazó la petición, permitiendo que la ejecución continuara… hasta que las complicaciones médicas surgieron.
Un indulto temporal
Pasada la 1 de la tarde, el gobernador Bill Lee anunció la concesión de un indulto temporal de un año, dándole a Carruthers un respiro que nadie esperaba.
«Tras una deliberada consideración de la solicitud de clemencia de Tony Von Carruthers, y tras una revisión exhaustiva del caso, mantengo la sentencia del Estado de Tennessee y no tengo intención de intervenir», había declarado el gobernador apenas dos días antes, el martes 19 de mayo.
Sin embargo, lo ocurrido el jueves obligó a un giro inesperado en el caso.
Un caso marcado por las dudas
Carruthers fue declarado culpable de participar en el secuestro y asesinato de Marcellos Anderson, Delois Anderson y Frederick Tucker en Memphis, ocurrido en febrero de 1994. Los cuerpos de las víctimas fueron hallados enterrados en un cementerio de Memphis el 3 de marzo de ese mismo año. Marcellos y Tucker murieron por heridas de bala, mientras que Delois Anderson fue golpeado y asfixiado.
Pero lo que hace particularmente polémico este caso es que nunca se encontraron pruebas físicas que vincularan a Carruthers con los crímenes. Sus abogados han insistido en que las únicas evidencias en su contra fueron los testimonios de dos hombres implicados —James y Jonathan Montgomery— y un forense, todos ellos ahora desacreditados.
James Montgomery también fue condenado a muerte por los mismos asesinatos, pero en 2015 recibió un acuerdo de culpabilidad y fue puesto en libertad. Jonathan Montgomery fue acusado, pero murió antes de que su caso fuera a juicio.
Carruthers, que desconfiaba profundamente del sistema legal, decidió representarse a sí mismo durante el juicio. Según documentos judiciales, creía que incluso sus propios abogados formaban parte de un sistema que buscaba encarcelarlo.
Por ahora, no se han dado detalles específicos sobre cuándo se reprogramará la ejecución. Lo cierto es que Carruthers tiene al menos un año más de vida, mientras múltiples organizaciones, legisladores y figuras públicas siguen exigiendo que se reabra su caso y se revisen las dudas que aún rodean su condena.



