El segundo de dos cabecillas de una milicia de extrema derecha que planeó secuestrar y matar a la gobernadora del estado de Michigan fue sentenciado a 19 años y siete meses de prisión el miércoles, informó el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Barry Croft, de 47 años, fue condenado en agosto como uno de los artífices del plan de 2020 para secuestrar a la gobernadora demócrata Gretchen Whitmer, en represalia por sus políticas de cuarentena durante la pandemia de covid-19 y, también con la esperanza de impulsar una guerra civil.

Croft fue el último acusado en conocer su destino en el caso. El martes su compañero y también cabecilla de la milicia, Adam Fox, de 39 años, fue sentenciado a 16 años de prisión.

Ambos fueron declarados culpables de conspiración para secuestrar y por planear usar armas de destrucción masiva, entre otros cargos, según un comunicado del Departamento.

«Croft y otros tenían la intención de secuestrar a la gobernadora Gretchen Whitmer de su casa de vacaciones cerca de Elk Rapids, Michigan, y usar los dispositivos destructivos para facilitar su complot al dañar y obstaculizar el equipo de seguridad de la gobernadora y cualquier agente de la ley que respondiera», indicó el comunicado.

«Estudiaron específicamente colocar una bomba debajo de un paso elevado interestatal cerca de un paseo peatonal», precisó.

Ambos condenados planeaban ejecutar el complot con otros integrantes de la milicia, incluido un informante oculto del FBI.

AFP
La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, en un acto en Lansing, Estados Unidos, 25 de enero de 2022

La trama nunca llegó muy lejos ya que la policía federal la siguió con la ayuda de múltiples informantes en el grupo.

Esta segunda sentencia surge 13 días después de que otras tres personas que participaron en el complot recibieran condenas de siete a 12 años en un tribunal estatal de Michigan, donde habían sido acusados de terrorismo doméstico.

Pero ha puesto en el tapete la creciente amenaza que los grupos de milicias armadas de derecha suponen en todo el país, especialmente a partir de las muy disputadas elecciones de 2020. 

En enero de 2021 integrantes de varios de esos grupos invadieron violentamente junto a otros cientos el Congreso, en Washington, en un intento por impedir la certificación de Joe Biden como ganador de los comicios frente al magnate republicano Donald Trump, quien denunció sin pruebas un fraude.

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