Su propósito era desalojar a un grupo de personas que ahí realizan una huelga de hambre en demanda de la liberación de presos políticos.

Partidarios del gobierno nicaragüense irrumpieron con violencia y golpearon a dos religiosos en la Catedral de Managua, con la intención de desalojar a un grupo de personas que realiza allí una huelga de hambre en demanda de la liberación de opositores presos, informó este lunes la Iglesia católica.

“Grupos violentos afines al gobierno han ingresado y tomado el control de la Catedral de Managua. Al ser increpados por el padre Rodolfo López y sor Arelys Guzmán, estas personas respondieron con violencia” contra los religiosos, denunció la Arquidiócesis de Managua en un comunicado.

Los dos religiosos se encuentran bien, pero abandonaron el templo por seguridad.

La iglesia informó que los seguidores del gobierno de Daniel Ortega también “rompieron con fuerza los candados del campanario y otros candados del templo, profanando de esta manera nuestra catedral”.

“Condenamos estos hechos de intimidación y asedio que no abonan a la paz”, reprendió la Arquidiócesis, que es presidida por el cardenal Leopoldo Brenes.

Este lunes, nueve opositores, entre ellos siete mujeres, iniciaron una huelga de hambre en la Catedral de Managua para exigir la liberación de unos 139 opositores detenidos.

Fuentes de la oposición confirmaron que los huelguistas se refugiaron en otro sitio del campus de la catedral y que se mantienen de momento en ayuno.

Este es el segundo grupo que se declara en huelga de hambre, luego de que 11 mujeres empezaran un ayuno el jueves pasado en la iglesia San Miguel de Masaya, 30 km al sureste de la capital, como parte de la campaña “Navidad sin presos políticos”.

Ambas parroquias fueron sitiadas por la policía.

La Arquidiócesis de Managua llamó al presidente Ortega a “tomar acciones inmediatas para que se respeten los templos católicos”, y a la policía a “retirar sus tropas” de los alrededores de las iglesias.

Ortega ha acusado a los obispos católicos de “golpistas” por apoyar a los manifestantes heridos durante las protestas antigubernamentales que estallaron el año pasado, y que el gobierno atribuyó a un fallido golpe de Estado.

En julio de 2018, partidarios del gobierno y paramilitares irrumpieron en una basílica y golpearon a los obispos en la sureña ciudad de Diriamba, en la que se habían refugiado manifestantes heridos.

La represión a las manifestaciones dejó al menos 325 muertos y cerca de 70.000 exiliados, según grupos humanitarios.