El frío arrecia y los combates de artillería son violentos, pero «Viking», un soldado ucraniano del frente noreste, está decidido a vengarse de los rusos.

«Para mí, lo más difícil es la muerte de mis amigos. Antes ya estaba motivado… pero la ira, la agresividad y el odio reforzaron» ese sentimiento, cuenta «Viking», apodo de guerra de este soldado de 26 años, miembro de una unidad de tanques.

Pese a las fuertes pérdidas sufridas por el ejército ucraniano en los nueve meses de combate desde que empezó la invasión rusa, «Viking» y otros miembros de su pelotón todavía confían en que pueden ganar la guerra.

«Prevemos empujar a los rusos hasta las fronteras y más allá», dice, bromeando.

Su unidad participó en el ataque que, en septiembre, quebró las líneas de defensa rusas en el frente noreste y que obligó a las fuerzas de Moscú a retroceder hacia el este, más allá del río Oskil. 

Esta contraofensiva se ha ralentizado desde que los rusos reformaron sus defensas, pero los ucranianos aseguran que siguen progresando, pese a un frío invernal que está poniendo a prueba las vías de abastecimiento y el estado de las carreteras. 

«Hemos repelido a los rusos, nos hemos consolidado y avanzamos poco a poco», explica «Patriot», un soldado de 23 años, miembro de un pelotón que acampa en una bucólica pradera rodeada de pinos, cerca del frente.

Un soldado ucraniano se fuma un cigarrillo cerca de la línea del frente, en las inmediaciones de Járkov, el 26 de noviembre de 2022 / AFP

– «Muchos bombardeos» –

«Hay muchos bombardeos. El mes pasado, oí hablar de entre 100 y 200 ataques», explica a la AFP durante una visita a su posición, organizada por el ejército ucraniano.

Cerca de allí, un mecánico militar de 44 años, que desea permanecer en el anonimato, trabaja en el motor de un tanque ruso incautado en septiembre y que ahora será utilizado contra sus antiguos dueños. 

«El estado de los equipos rusos es muy malo. Todo estaba sucio y cubierto de diésel», afirma.

Al cabo de nueve meses en el terreno, el material de la unidad, que data de la época soviética, refleja la dinámica de esta guerra: uno de los tanques es del ejército ucraniano, otro fue tomado a los rusos y un tercero fue donado por Polonia.

En esta zona del noreste del país, los ucranianos esperan apoderarse de una autovía clave que pasa por las ciudades de Severodonetsk y de Lysychansk, más al este, ocupadas por los rusos.

Esas dos ciudades fueron capturadas durante una campaña estival en la región industrial del Donbás, en la que ambos bandos perdieron un gran número de soldados.

– «La adrenalina te mantiene caliente» –

Desde entonces, las fuerzas rusas han encadenado reveses, perdiendo gran parte de la región de Járkov y retirándose de Jersón, una ciudad del sur que ocupaban desde principios de la guerra.

«En esta parte de la línea del frente, nos encargamos de mantener nuestra posición y, a veces, de lanzar contraofensivas», afirma Roman, miembro del principal batallón de tanques que opera en la región. 

«La situación está totalmente bajo control y estamos preparados para enfrentar nuevos desafíos, incluso inesperados», asegura.

Según expertos militares, los combates podrían acelerarse próximamente.

«Las temperaturas deberían bajar en toda Ucrania la semana que viene, y eso debería congelar el suelo y acelerar el ritmo de los combates, a medida que la movilidad aumenta en ambos bandos», explicó el grupo de reflexión estadounidense Institute for the Study of War en un estudio reciente.

Para los combatientes, que bajen las temperaturas no es tan importante como la descarga de artillería rusa.

«Cuando sabes que en cualquier momento te pueden alcanzar, la adrenalina te mantiene caliente. No sientes frío», explica «Patriot».

© Agence France-Presse