WASHINGTON D.C. – Las autoridades sanitarias y de seguridad en Estados Unidos han encendido las alarmas ante la creciente presencia de la «cocaína rosa», también conocida como tusi. Esta sustancia, que se ha popularizado rápidamente en el mercado negro, representa una amenaza crítica debido a que, a diferencia de otras drogas, carece de una fórmula estándar, lo que convierte cada dosis en una «ruleta rusa» química para el consumidor.
A pesar de su nombre comercial, los análisis revelan que el tusi rara vez contiene cocaína. En su lugar, se trata de un cóctel variable que mezcla estimulantes, depresores y opioides sintéticos, combinados con colorantes para obtener su característico tono rosado. Esta inconsistencia extrema entre lotes eleva exponencialmente el riesgo de sobredosis, ya que los usuarios desconocen si están ingiriendo sustancias que provocan euforia o potentes sedantes que pueden detener el sistema respiratorio.
El origen de esta mezcla se remonta a Colombia a finales de la década de 2000, naciendo como una adaptación local de la sustancia psicodélica 2C-B (de donde deriva el nombre «tusi»). Sin embargo, su evolución actual ha dejado atrás cualquier protocolo de fabricación. Expertos como el profesor Joseph J. Palamar señalan que su atractivo visual la hace «instagrameable», facilitando su promoción en redes sociales y su distribución local, ya que los traficantes pueden fabricar la mezcla en cualquier lugar utilizando las drogas que tengan a mano.
El impacto en la salud pública ya es tangible: entre los años 2020 y 2024 se ha registrado un aumento significativo en las incautaciones y muertes relacionadas con esta sustancia. Mientras algunos consumidores reportan estados de mejora sensorial y sociabilidad, otros experimentan cuadros graves de paranoia, alucinaciones y confusión mental extrema. Ante esta crisis, las autoridades refuerzan la vigilancia sobre el comercio en internet, donde la droga se comercializa bajo una falsa apariencia de exclusividad y lujo.



