En un giro inesperado, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) decidió detener el despido de cientos de sus trabajadores. La razón detrás de este freno de mano es la enorme tormenta invernal que se aproxima al país, lo que obligó a la agencia a priorizar la capacidad de respuesta frente a los recortes de personal que venía ejecutando.
Hasta hace apenas unos días, el panorama era distinto. FEMA estaba sumergida en una revisión profunda que ya había dejado fuera a miles de empleados. De hecho, solo en lo que va de enero, unos 300 trabajadores de desastres perdieron su empleo y muy pocos lograron que les renovaran el contrato. Sin embargo, un correo interno enviado el jueves pasado cambió las reglas del juego: se les notificó al personal que los despidos de aquellos con contratos por vencer quedaban suspendidos por ahora.

Fuentes cercanas a la agencia confirmaron que el clima fue el factor decisivo. La decisión se tomó apenas unas horas después de que la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, visitara las oficinas de FEMA para analizar la gravedad de la tormenta que se avecina.
Este respiro para los trabajadores ocurre en un momento de mucha tensión e incertidumbre dentro de la agencia. La administración actual tiene en marcha un plan para achicar FEMA drásticamente. Desde el verano pasado, la intención del gobierno ha sido que la agencia deje de funcionar como la conocemos, pasando la responsabilidad de atender los desastres directamente a los gobiernos de cada estado.
Los datos son claros: desde 2024, FEMA ha recortado a unos 2,000 empleados, lo que equivale a casi el 9% de toda su plantilla. Aunque el gobierno busca que los estados sean más independientes, muchos críticos advierten que quitarle recursos y gente a la agencia federal podría dejar a las comunidades locales solas y sin herramientas suficientes cuando la naturaleza golpee con fuerza.



