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«EN POLVO ERES Y EN POLVO TE CONVERTIRÁS» COMIENZA LA CUARESMA PARA LOS CATÓLICOS EN EL MUNDO

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” o “arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

En Miércoles de Ceniza, millones de católicos escucharán una de estas dos bendiciones, mientras los sacerdotes aplican cenizas en sus frentes, haciendo la señal de la cruz.

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: «metanoeiete», es decir «Convertíos». Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras «Convertíos y creed en el Evangelio» y con la expresión «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás», invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de «conversión» es así mismo la palabra «penitencia»… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

¿Pero de dónde obtienen esas cenizas negras o grises?

De acuerdo a las instrucciones del Misal Romano, las cenizas se obtienen típicamente de las palmas o ramos del Domingo de Ramos del año anterior.

Estos ramos son quemados hasta obtener un fino polvo y, en Estados Unidos, son mezclados con agua bendita o aceite de crisma para crear una pasta. En otras partes del mundo a veces se esparce cenizas secas en la cabeza, en vez de una pasta.

¿Se puede comprar cenizas?

Mientras que muchas parroquias usan el Miércoles de Ceniza como una oportunidad para quemar las ramas del año pasado, la Iglesia permite también que se compren cenizas de proveedores de objetos religiosos.

El P. Joseph Faulkner, sacerdote de la Diócesis de Lincoln, en Nebraska (Estados Unidos), dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI–, que él compra sus cenizas de proveedores de objetos religiosos para evitar cenizas de baja calidad.

Para las parroquias católicas en el estado de Colorado, uno de los proveedores más usados es Gerken’s Religious Supplies.

“Hay todo un arte” en quemar palmas para obtener cenizas, explicó el año pasado Mike Gerken, uno de los propietarios del negocio al Denver Catholic.

“Para conseguir la buena ceniza no puedes solo quemarlas. Tienes que dejarlos arder sin oxígeno, y ahí es donde se pone (de color) verdaderamente negro carbón”.

¿Por qué ramas del Domingo de Ramos?

Hay un significado litúrgico en el uso de las ramas de Domingo de Ramos, a diferencia de otros materiales, para hacer las cenizas para Miércoles de Ceniza.

El P. Randy Stice, director asociado para la Secretaría de Adoración Divina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, dijo a CNA que las cenizas hechas de ramas nos recuerdan de qué se trata la Cuaresma.

“Esas ramas anuncian la Semana Santa, el sufrimiento de la muerte y la resurrección de Cristo”, dijo.

La fiesta del Domingo de Ramos ocurre al inicio de la Semana Santa, que lleva a la Pascua. “Eso nos ayuda a identificarnos con Jesús en Cuaresma… nos conecta con los eventos de la propia vida de Cristo”, añadió.

Además, las cenizas han sido por mucho tiempo un símbolo de arrepentimiento y conversión, incluso en el Antiguo Testamento, señaló el P. Stice.

El sacerdote subrayó que “es un símbolo del Antiguo y Nuevo Testamento, de arrepentimiento y conversión, dolor por nuestros pecados, conciencia de nuestra fragilidad y mortalidad”.

Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.

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