Tras un mes de julio con récords de temperatura, Francia se enfrenta a nuevos incendios forestales que movilizan a miles de bomberos y a una sequía preocupante para el sector agrícola.

Ocho importantes focos de incendio se mantenían vivos este jueves en el territorio francés, incluidas zonas prealpinas, al borde del mar en el suroeste, en el centro montañoso. Esto sin contar decenas de pequeños conatos que obligan a actuar rápidamente.

En la Gironda (suroeste) las llamas ya ha quemado 6.000 hectáreas. Hace un mes, esa región boscosa frente al Atlántico ya había sufrido la pérdida de 14.000 hectáreas. Diez mil personas han sido evacuadas, algunas por segunda vez en lo que va del verano.

“La población está preocupada pero mantiene la disciplina. De todas maneras hay un sentimiento de hartazgo, esto es demasiado”, declaró a la AFP  el alcalde de la localidad de Moustey, Vincent Ichard, donde tuvieron que ser evacuados 250 de sus 680 habitantes, en el departamento de las Landas.

En total se han quemado más de 40.000 hectáreas este año en Francia, según las autoridades, mientras que las mediciones vía satélite arrojan la cifra de hasta 50.000 hectáreas. 

En cualquier caso, las cifras multiplican la media anual de los 15 años precedentes, como en España.

El pronóstico meteorológico es de tiempo despejado en todo el territorio, sin rastro de lluvia hasta el domingo.

Julio fue el mes más seco desde marzo de 1961. Francia lleva en lo que va de verano tres olas de calor.

Aunque no se ha llegado de nuevo a superar los 40 ºC en varias regiones, como sucedió en julio, 18 departamentos están en alerta naranja, es decir, que sus habitantes deben mantenerse “muy vigilantes” ante la situación reinante.

París llegará a los 35 ºC este viernes. Las lluvias empezarán a caer a partir del suroeste el domingo, según las previsiones meteorológicas.

– El impacto en las cosechas –

Además de la falta de agua y de los incendios, las autoridades y los agricultores se muestran preocupados por el impacto en las cosechas.

El maíz, que conquistó a Francia en la década de 1970, supone un reto especialmente delicado. Es una planta que requiere mucha agua de forma regular, y que es esencial para el ganado.

Francia es el primer exportador europeo de maíz, y dedica alrededor del 10% de su superficie agrícola utilizable a ese cultivo.

“Para culminar su ciclo de crecimiento y lograr una producción rentable, necesita agua en julio y agosto, los meses donde menos agua hay en Francia”, explica Agnès Ducharne, investigadora de CNRS.

Por su parte, las vendimias se han adelantado varias semanas en regiones como la isla de Córcega o el Rosellón, donde los agricultores ya han empezado a cortar las cepas.

“Nunca en treinta años había empezado mi vendimia el 9 de agosto”, declaró Jérôme Despey, propietario en la región de L’Hérault (sureste).

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