¿Buen estratega o puro ideólogo? Benjamin Netanyahu, el primer ministro más longevo de la historia de Israel, se presenta como el gran protector del Estado hebreo y algunos lo consideran un «mago» de la supervivencia política. 

El «rey Bibi», como le conocen sus partidarios, inició este jueves su tercer reinado como jefe de gobierno. Fue primer ministro de 1996 a 1999 y después de 2009 a 2021. 

Con su voz ronca, su pelo plateado y su carisma, divide al país.

Sus admiradores ven en él la encarnación del nuevo «Rey de Israel» por su firme defensa del país frente al enemigo, especialmente Irán, percibido como el nuevo «Amalek», enemigo mortal de los hebreos en la Biblia. 

En cuanto a sus oponentes, consideran a Netanyahu, de 73 años, acusado de corrupción en varios casos, un «ministro del Crimen» y quieren que se retire de la política.   

Pero no se retirará, afirma Aviv Bushinsky, antiguo portavoz de Netanyahu y experto en su partido de derecha, el Likud. 

«Hará todo lo posible para formar una coalición, incluso las cosas más locas», declaró recientemente Bushinsky a la AFP. «Cree que tiene una misión de Dios para salvar el país». 

En un país políticamente fragmentado, Netanyahu está acostumbrado a juntar partidos de distinto signo para mantenerse en el poder.  

Pero para su regreso al poder el jueves reunió al gobierno más derechista de la historia de Israel, compuesto por sus aliados clásicos entre los partidos ultraortodoxos, pero también por tres formaciones de extrema derecha, entre ellas Noam, cuyo líder es abiertamente hostil a las personas LGTBQ.  

Una postura que no impidió a Netanyahu nombrar nuevo presidente del Parlamento a Amir Ohana, un diputado del Likud abiertamente gay. 

AFP
Benjamin Netanyahu se dirige a sus partidarios en Jerusalén, el 2 de noviembre de 2022

– En el nombre del padre –

Nacido en Tel Aviv el 21 de octubre de 1949, Netanyahu tiene un fuerte bagaje ideológico procedente de su padre Benzion, exayudante de Zeev Jabotinsky, líder de la tendencia sionista llamada «revisionista», partidaria del «Gran Israel». 

A diferencia del proceso de paz israelo-palestino de los años 1990, que él contribuyó a enterrar, Netanyahu defiende una visión de Israel como «Estado judío» con fronteras que se extienden hasta Jordania, de ahí sus declaraciones a favor de anexionarse partes de Cisjordania ocupada y las medidas para promover un auge de las colonias. 

En Cisjordania ocupada, donde viven 2,9 millones de palestinos, las colonias israelíes han superado los 475.000 habitantes, un aumento del 50%, en la última década que Benjamin Netanyahu lleva en el poder, una presencia que amenaza la creación de un Estado palestino viable según la ONU.

En 1976, la muerte durante un asalto israelí de su hermano Yoni, comandante de la unidad encargada de liberar a los rehenes de un vuelo Tel Aviv/París en Uganda, le marcó.

«Pensé que mi vida había terminado», escribió Netanyahu en su autobiografía, publicada hace uno meses. 

Esa muerte le llevó a convertir la «lucha contra el terrorismo», que a menudo asocia con los palestinos o los iraníes, en uno de los hilos conductores de su carrera. 

En 2020, concluyó acuerdos de normalización con países árabes (Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán, Marruecos) bajo la égida de Estados Unidos, que ahora sueña con ampliar a Arabia Saudita. 

Un acuerdo con los sauditas supondría un «salto cualitativo para la paz entre Israel y el mundo árabe» y podría facilitar un acuerdo israelo-palestino, declaró recientemente Netanyahu en el canal Al Arabiya. 

Orador nato, padre de tres hijos y actualmente casado con Sara, a la que considera una consejera cercana, fue diplomático en Estados Unidos, donde estudió, y luego embajador ante la ONU en los años 1980, antes de dar el salto a la política en la década siguiente. 

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