El líder católico y el presidente francés ingresan a la Biblioteca papal donde discuten sobre distintos temas de interés global en común, con ayuda de un intérprete.

El Papa Francisco recibió al presidente de Francia, Emmanuel Macron, en una audiencia privada que duró unos 57 minutos y en la que analizaron temas como desarme, migraciones y la inestabilidad en Medio Oriente.

Poco antes de las 05:30, hora local, el mandatario llegó hasta el Patio de San Damaso, en el corazón del Palacio Apostólico, acompañado por una numerosa delegación que se trasladó en unos 30 distintos vehículos.

Acompañado por su esposa, Brigitte, el presidente francés recibió la bienvenida del prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, quien acompañó al grupo hasta el segundo piso del edificio y a la Sala del Tronetto, la antecámara de la Biblioteca papal.

Allí, el líder católico y el presidente se saludaron, después ingresaron en la biblioteca y se sentaron ante un gran escritorio de madera, donde dialogaron con la presencia de un intérprete.

Al terminar la conversación, Macron presentó a su delegación oficial y se efectuó un intercambio de regalos. El mandatario galo obsequió una antigua copia del «Diario de un cura de campo», de Georges Bernanos, al pontífice.

«Es un libro que adoro, lo he leído muchas veces y me ha hecho bien», contó el Papa.

El pontífice obsequió a Macron copias de sus documentos «Amoris Laetitiae», «Evangelii Gaudium», «Laudato Si» y «Gaudete et exsultate», además de una medalla de bronce con la imagen de San Martín de Tours socorriendo a un pobre.

«Quiere subrayar la vocación de los gobernantes para ayudar a los pobres: todos somos pobres», comentó Jorge Mario Bergoglio.

Luego de la fotografía de recuerdo, Macron se dirigió a la salida y antes de despedirse acarició la mejilla del Papa, un gesto fuera del protocolo, le dio un abrazo y un beso.

Después, el presidente se reunió, también en privado, con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, y con el responsable de las Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher.

El Vaticano calificó esos coloquios como «cordiales» y precisó que, durante los mismos, «se subrayaron las buenas relaciones bilaterales existentes» entre la Santa Sede y Francia, además de destacar el empeño de la Iglesia, la contribución de las religiones y la promoción del bien común del país.

«Además fueron afrontadas cuestiones globales de interés compartido como la protección del ambiente, las migraciones y el empeño a nivel multilateral para la prevención y la resolución de los conflictos, en especial en relación al desarme», indicó una declaración oficial.

«La conversación también permitió un intercambio de miradas sobre algunas situaciones de conflicto, en particular en Medio Oriente y en África. Finalmente, no ha faltado una reflexión conjunta sobre las perspectivas del proyecto europeo», añadió.