Las trágicas inundaciones que azotaron recientemente Pakistán y afectaron a la ciudad milenaria de Mohenjo Daro son un ejemplo más de las amenazas que el cambio climático representa para el Patrimonio Mundial y del que no escapa el Machu Picchu.

La metrópolis construida por el pueblo del Indo, una misteriosa civilización que floreció en la Edad de Bronce en el valle del río homónimo, apareció alrededor del año 3.000 a.C. y el genio de sus constructores probablemente la salvaron.

Este vasto sitio de ladrillos y calles geométricas estaba equipado de antiguas tuberías y un sistema de alcantarillado sorprendentemente funcional, que ayudó a drenar el diluvio que cayó sobre Pakistán.

Las excepcionales lluvias monzónicas entre junio y septiembre transformaron el sur del país en un gigantesco lago. Y, en Mohenjo Daro, se tradujeron en «escorrentías muy importantes», según el especialista Thierry Joffroy.

Las precipitaciones, cuyo nivel alcanzó «entre 20 y 40 centímetros», «llenaron habitaciones» y provocaron «muchos derrumbes», según el especialista en arquitectura en tierra, que visitó el sitio en octubre para la Unesco.

En Paquistán, casi 1.600 personas perdieron la vida en este episodio de lluvias, que afectó a otros 33 millones más. Según los expertos de la red World Weather Attribution, el cambio climático «probablemente» las agravó.

– De Perú a Australia –

El sitio paquistaní es «una víctima» del clima, pero tuvo «mucha suerte», abunda Lazare Eloundou Assamo, director del Patrimonio Mundial de la Unesco, instaurado en 1972 y que celebrará su 50º aniversario el jueves y viernes en Grecia.

Mohenjo Daro debería haber celebrado este año el centenario de su descubrimiento en 1922. Sin embargo, la metrópolis «podría haber desaparecido junto con todas huellas arqueológicas» que contiene, lamenta.

El Patrimonio Mundial de la Humanidad reconoce 1.154 sitios: 897 son bienes culturales, 218 son zonas naturales y 39, una mezcla de ambos. Pero muchos de ellos se ven amenazados por el cambio climático, afirman los expertos consultados.

Rohit Jigyasu, del Centro Internacional de Estudios de Conservación y Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM), apunta a las «inundaciones, huracanes, ciclones y tifones», pero también a los incendios «más frecuentes».

Los incendios forestales, que aumentan en el Mediterráneo, se quedaron a las puertas de Olimpia, en Grecia, en 2021. En el caso del Machu Picchu, las inundaciones azotaron en enero el pueblo más próximo a la joya inca en Perú.

«El Machu Picchu ha corrido un riesgo muy alto de desprendimientos y, cuando las lluvias son más intensas, se produce más desprendimientos. Este es otro tipo de impacto», explica Rohit Jigyasu.

El cambio climático tiene múltiples impactos. En Australia, el aumento de la temperatura del agua blanquea la Gran Barrera de Coral. En Ghana, la erosión acabó con parte del fuerte Prinzenstein, que sirvió para el comercio de esclavos.

– Impacto en la «vida social» –

Los «factores lentos», «sin impacto inmediato», plantean «nuevos retos en la preservación de los sitios», insiste el experto del ICCROM, que cita por ejemplo la aparición de «termitas» en bosques antiguos por un aumento de la humedad.

Los viñedos franceses de Borgoña, Saint-Émilion y Champaña, así como los italianos de Prosecco y del Piemonte, tampoco escaparían a un eventual impacto.

«No es sólo el patrimonio el que se ve afectado cuando se pierde una parte de él, sino toda la vida social que lo rodea», explica Ann Bourgès, investigadora del ministerio francés de Cultura y secretaria general de la oenegé Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).

En Mongolia, los sitios arqueológicos no sólo fueron abandonados porque «la población ya no tenía acceso al agua», sino que también fueron «saqueados», señala Rohit Jigyasu.

En otros lugares, ya se contemplan guerras por el agua y es poco probable que el patrimonio salga vencedor.

© Agence France-Presse