Londres – La velocidad a la que consumimos nuestros alimentos juega un papel crucial en nuestra salud, tanto como el tipo de alimentos que elegimos. Comer demasiado rápido puede tener consecuencias negativas, desde indigestión y exceso de ingesta hasta la pérdida de nutrientes esenciales. Los expertos recomiendan dedicar al menos 20-30 minutos a cada comida para permitir que el cerebro registre la sensación de saciedad y evitar comer en exceso.
Comer rápido puede llevar a tragar aire, causando hinchazón e indigestión. Además, la falta de masticación adecuada dificulta la digestión y la absorción de nutrientes, e incluso puede provocar obstrucciones en el esófago. Diversos estudios han asociado la velocidad al comer con un mayor riesgo de obesidad.
Para reducir la velocidad al comer, se recomienda eliminar distracciones como la televisión y el teléfono, y concentrarse en disfrutar la comida. Usar la mano no dominante, probar utensilios diferentes o hacer pausas para beber agua también puede ayudar. En situaciones donde comer rápido es inevitable, como almuerzos de trabajo, es importante tratar de ser consciente del sabor y la textura de los alimentos.
Masticar bien la comida es fundamental. Los alimentos ultraprocesados, con su textura suave, tienden a consumirse más rápido. Al comer conscientemente, se puede apreciar mejor el sabor real de los alimentos, lo que puede llevar a elecciones más saludables.