CIUDAD DE MÉXICO.- Tras años de discusión, los plásticos de un solo uso quedaron prohibidos en Ciudad de México. Aplaudida por muchos, la medida llega sin embargo cuando la pandemia acentúa la dependencia de esos materiales y complica su reemplazo.

En vigor desde el 1 de enero, la norma excluye insumos como tapabocas, guantes, caretas y lentes, antes casi exclusivos del personal médico, y ahora de uso masivo para protegerse del nuevo coronavirus.

La ley se viene aplicando gradualmente. A inicios de 2020 ya proscribió las bolsas plásticas en esta megaurbe de nueve millones de habitantes pero donde se movilizan hasta 15,6 millones de personas en tiempos normales.

Este último capítulo supuso un nuevo golpe para Celina Aguilar, cuyo restaurante gourmet ha tenido que cerrar dos veces por la epidemia.

Desde el 18 de diciembre rige en la capital un nuevo estado de máxima alerta, que limita el servicio de esos negocios a los domicilios, ante el aumento de los contagios.

“Todavía no nos reponemos de las pérdidas (del primer cierre). Ahora todos cambian a empaques biodegradables o te multan”, se queja Aguilar.

La Ley de Residuos Sólidos prohíbe la utilización de cubiertos, platos, vasos, pajillas, tapas y bandejas para transportar comida.

Su uso aumentó bajo la premisa de que son una barrera frente al virus, aunque las autoridades relativizan esa idea.

Ciudad de México genera unas 13.000 toneladas de residuos sólidos diarios.

La ley busca reducir el consumo frenético de un material altamente contaminante, que a menudo acaba en los mares.

“No solo es impulsar un cambio en el tipo de desechables o bolsas, también buscamos hacernos conscientes de la cantidad de residuos que generamos en casa”, explica Andrée Lilian Guigue, directora de Regulación Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) de la capital.

Un trabajador de un restaurante sirve café en un vaso biodegradable en Ciudad de México, el 7 de enero de 2021 / AFP

Pero la migración a los empaques biodegradables y compostables (de material orgánico) inquieta especialmente a los negocios de comida por los mayores costos. “¿Cómo generas recursos para modificar todo lo que te pide la ley? ¡Es un poco absurdo!”, dice Aguilar.

Las autoridades advierten que no habrá tolerancia con los infractores, que se exponen a multas de hasta 150.000 pesos (7.466 dólares) y al cierre de sus locales.

“No solo es difícil la prohibición por toda la dependencia que hemos generado con los plásticos, sino por la pandemia”, que frena los intentos de cambio, reconoce Guigue.

La Sedema asegura que entre julio y diciembre informó a 1.432 establecimientos de comida sobre las nuevas reglas y de aspectos como que “el plástico no reduce el riesgo de contagio”. 

“Muchos de ellos continuaron no solamente utilizando el desechable, sino que aumentaron su uso”, señaló la funcionaria. 

– Reacios a pagar más –  

Pese al despliegue informativo, algunos comerciantes y vendedores ignoran qué productos pueden usar o comercializar.

“Desde el año pasado vendo desechables de otros materiales, pero la gente no quiere pagar más por algo que tirará”, explica María González, de 71 años.

La ley autoriza el uso de compostables, algunos hechos con fécula de maíz y semillas de aguacate, degradables al 90% en seis meses.

“Pero la capacidad de compostables en el mundo no alcanza ni siquiera para cubrir las necesidades de México”, de 129 millones de habitantes, replica Aldimir Torres, presidente de la ANIPAC, gremio de la industria mexicana del plástico.

Torres advierte de que las prohibiciones serán demoledoras para este sector que mueve unos 30.000 millones de dólares anuales y que podría perder de 20.000 a 50.000 empleos.

Un hombre reparte un pedido de comida a domicilio en Ciudad de México, una modalidad que se disparó con la pandemia y multiplicó la utilización de plásticos de un solo uso, ahora prohibidos en el país / AFP

Ornela Garelli, de la ONG ambientalista Greenpeace México, resalta en cambio que la norma “brinda la oportunidad de redefinir la relación con los ecosistemas” en una de las ciudades más contaminadas del mundo.

“La prohibición (…) no empezó ahora, lleva en discusión 15 años, y en todo este tiempo las empresas no han hecho nada para poner una solución”, subraya Garelli. 

Pese a que también lidia con la crisis, Édgar López, dueño de un pequeño puesto de comida, apoya los cambios e intenta convencer a sus clientes de llevar sus propios envases.

“Sé que es un paso muy difícil para todos, pero es necesario comenzar justo ahora, en medio de una crisis sanitaria y económica”, afirma López.

Con información de AFP

AG