Joe Biden se desplaza a Georgia el martes para avanzar en una promesa crucial de su presidencia, la de proteger el acceso al voto de las minorías, especialmente de los afroamericanos, un viaje simbólico y arriesgado. 

El presidente va a apoyar apoyar formalmente una controvertida maniobra que rompería el cerrojo de la oposición republicana en el Senado, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca.

“No me echaré atrás. No vacilaré. Defenderé vuestro derecho al voto y nuestra democracia contra los enemigos de dentro y de fuera”, dirá el demócrata de 79 años, según un extracto de su discurso publicado con antelación. 

Continuando con su defensa de la democracia que hizo la semana pasada en el Capitolio, Biden eligió Georgia, un estado sureño emblema de la lucha por los derechos civiles de ayer pero también de las tensiones políticas actuales, para defender una amplia reforma del derecho al voto. 

El objetivo es legislar sobre las condiciones en que se ejerce el voto, desde la inscripción en el censo electoral hasta el recuento de papeletas, pasando por el sufragio por correo y la verificación de la identidad de los electores.

Muchos estados conservadores del sur han empezado a cambiar estos requisitos, dificultando en la práctica el voto de las minorías en general, especialmente de los afroamericanos.

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Joe Biden y su esposa, Jill, salen del avión oficial del presidente, el Air Force One, tras aterrizar en el aeropuerto de Las Vegas (EEUU) el 7 de enero de 2022

– Filibusterismo –

Para contrarrestar estas iniciativas republicanas, Biden quiere que el Congreso establezca un marco legislativo federal. Para ello, el presidente pretende aprobar dos leyes, la “John Lewis Voting Rights Advancement Act” y la “Freedom to Vote Act”, para, según él, proteger los logros de la lucha por los derechos civiles y contra la discriminación racial, que se remontan a los años 1960. 

El mandatario dirá que está “a favor de cambiar las reglas del Senado para garantizar que pueda volver a funcionar”. Detrás de esta enigmática frase, hay una apuesta política arriesgada. 

Biden se resistía hasta ahora a poner punto y final a una práctica tan arraigada como difícil de entender fuera de Estados Unidos, conocida en la jerga parlamentaria como filibusterismo. 

Esta regla, en términos sencillos, exige que el Senado reúna 60 votos para someter a votación una ley, con la excepción de la presupuestaria. 

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Joe Biden à Las Vegas, le 8 janvier 2022, lors des funérailles d’un ancien sénateur

Pero Biden es partidario de que se vote por mayoría simple. Los demócratas actualmente tienen 51 escaños, frente a los 50 de los republicanos. 

Si acaba con esta regla de los 60 votos, el presidente demócrata enfurecerá a la oposición conservadora y posiblemente a algún miembro de su partido que apoya esta práctica, que se supone promueve el consenso y la moderación.

– “Insurrección” –

Pero para Biden, cuya agenda económica y social está empantanada y con un índice de popularidad tiritando, ya no hay tiempo para la moderación frente a un Donald Trump que sigue afirmando contra toda evidencia que ganó las últimas elecciones.

Los demócratas acusan a los partidarios del expresidente de cambiar las normas electorales en los estados que controlan los republicanos pensando en su beneficio propio. 

Georgia, por ejemplo, ha restringido el voto por correo, o ha prohibido el suministro de agua o comidas a los votantes que esperan, a veces durante horas, para sufragar. Este estado también ha aumentado el control de los legisladores locales -la mayoría de los cuales son conservadores- sobre el proceso de votación. 

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Donald Trump en la Casa Blanca en Washington, el 24 de noviembre de 2020

“Es una insurgencia de bajo perfil, pero muy, muy perniciosa”, dijo el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer. 

A pesar de mostrarse a favor de eliminar el filibusterismo en el Senado, Biden está lejos de salirse con la suya. 

Necesita reunir a todos los senadores demócratas sin excepción, y Joe Manchin, que ya ha bloqueado un enorme paquete de inversión billonario para reformas sociales impulsado por el presidente, es reacio a apoyarlo en su cruzada sobre el “derecho al voto”. 

Biden no tiene mucho tiempo para convencerlo, ya que los demócratas se arriesgan a perder su escasa mayoría parlamentaria en el otoño boreal, durante las elecciones de mitad de mandato.

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