Durante un mítin en Clarksville, Tennessee, el presidente Donald Trump manifestó su propuesta política a menos de 25 días para las elecciones de medio término, donde combinó su habitual retórica de confrontación con propuestas extravagantes que encendieron los ánimos de sus seguidores.
En el terreno electoral, Trump arremetió contra los rivales demócratas del estado. Calificó a la aspirante al Senado, Marquita Bradshaw, de «socialista», asegurando que el senador republicano Bill Hagerty —a quien elogió por su aspecto «de película»— tendría una victoria sencilla frente a ella. Hagerty subió a la tarima para agradecer el respaldo del expresidente. De forma similar, Trump atacó a la demócrata Jerri Green tachándola de «radical», «antiarmas» y blanda ante la delincuencia, antes de ceder el micrófono a Marsha Blackburn.
Entre bromas y ovaciones, el exmandatario planteó rebautizar grandes masas de agua del planeta: sugirió nombrar al Atlántico o al Pacífico como el «Océano Trump» o el «Océano de las Américas», y propuso llamar «Estrecho de Trump» al Estrecho de Ormuz, justificándolo por la extracción de petróleo en la zona. Aunque expresó su deseo de bautizar también un río con su apellido, descartó el Hudson en Nueva York en un gesto de respeto histórico: «Henry Hudson hizo un buen trabajo navegando por ese río hace mucho tiempo», comentó.
Tras repasar logros de su gestión, como las medidas contra el crimen en Memphis y los cambios en la junta directiva de la Autoridad del Valle de Tennessee, Trump habló de su conexión con las masas al señalar que el cariño de su público es tal que lo ovacionarían incluso si dijera estupideces; la multitud, fiel a sus palabras, respondió de inmediato con aplausos.



