Las elevadas temperaturas del verano representan un riesgo significativo para la seguridad vial, ya que el calor excesivo puede debilitar la estructura de los neumáticos y aumentar notablemente la probabilidad de sufrir una pinchadura o un peligroso reventón en carretera. Ante este escenario, especialistas en mantenimiento automotriz hacen un llamado a los conductores para revisar periódicamente el estado y la presión de sus llantas.
Para prevenir accidentes, las autoridades de tránsito recuerdan que los neumáticos deben inflarse únicamente hasta el nivel de presión recomendado por el fabricante del vehículo, el cual suele encontrarse en la etiqueta de la puerta del conductor o en el manual del usuario. Es crucial no confundir esta cifra con el número moldeado en el costado de la llanta, ya que ese valor indica únicamente la capacidad máxima de presión que el neumático puede soportar antes de fallar.
Un inflado excesivo resulta tan peligroso como circular con las llantas desinfladas, pues el calor de la carpeta asfáltica expande el aire interno y genera una sobrepresión que reduce la adherencia al camino y vulnera la resistencia del caucho. Mantener los niveles adecuados no solo garantiza un manejo seguro, sino que también prolonga la vida útil del neumático durante los meses de mayor radiación solar.



