
Un partidario de Iván Cepeda (c), alza una fotografía del candidato a la presidencia de Colombia por el gobernante partido Pacto Histórico, en Bogotá, el 31 de mayo de 2026
De derecha o de izquierda, los colombianos recibieron con optimismo los resultados de la elección que colocaron al abogado Abelardo de la Espriella y al senador Iván Cepeda en la segunda vuelta, aunque también expresan miedos profundos por lo que cada uno representa.
Tras una ajustada jornada de votaciones, el país escogerá en un balotaje el 21 de junio entre dos extremos: un abogado millonario que se presenta como un «outsider» y un popular senador de izquierda heredero de las políticas sociales del izquierdista Gustavo Petro.
Las elecciones ocurren en un ambiente polarizado y la peor ola violenta de la última década en el país.
Admirador de Donald Trump, De la Espriella obtuvo tuvo este domingo 43,7%, un «resultado sorprendente» e «inesperado», dice Felipe Botero, profesor de ciencia política en la Universidad de los Andes.

Un cartel de propaganda electoral del candidato a la presidencia de Colombia por el partido Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella, fotografiado en Barranquilla el 1 de junio de 2026
«Las encuestas sugerían que iba a ser al revés, que el puntero iba a ser Cepeda», quien en cambio consiguió el 40,9%, agrega.
Una sensación agridulce y prolongados silencios ocuparon el salón rojo del hotel Tequendama, en el centro de Bogotá, donde la izquierda heredera de Petro recibió el conteo preliminar de la primera vuelta.
Lejos de ganar en primera vuelta como esperaba la formación oficialista, el candidato de izquierda y senador de 63 años cayó -aunque por poco margen- al segundo puesto.
Cientos de personas fueron a apoyar a la fórmula de Cepeda y corearon arengas como: «no pasarán» y «sí se puede».
– «Sangre nueva» –
«Un outsider es lo que necesita Colombia», asegura Víctor Castellanos, un empresario de 32 años que votó por De la Espriella en su bastión Barranquilla (norte), donde el domingo cientos de personas arropados con banderas y camisetas de Colombia se reunieron en las calles para celebrar su triunfo.
«Estamos en una etapa supercrítica en la cual el comunismo (…) puede apoderarse de Colombia», agrega, sobre la posibilidad de una victoria de Cepeda.
El excéntrico abogado de 47 años encarna el desencanto con la política de «paz total» de Petro, el primer izquierdista en gobernar el país que intentó, sin éxito, dialogar con todos los grupos armados del país para su desarme.

Unos periódicos informando sobre los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial en Colombia, fotografiados en un quiosco en Cali el 1 de junio de 2026
Cepeda, artífice de la fracasada política de Petro, es criticado por los votantes de derecha, que lo asocian con la indulgencia frente al crimen.
«Mano dura es lo que se necesita. Ya vimos que la paz total fue un fracaso total», dice Castellanos, preocupado por los niveles de delincuencia y extorsión que azotan al país.
De la Espriella asegura ser «el verdadero outsider» de la contienda. Durante su campaña ha resaltado su falta de experiencia en política como una virtud.
Felix Ramírez, otro votante del abogado en Barranquilla, valora justamente que sea «un empresario» que «no tiene una carrera política».
«Necesitamos sangre fresca, sangre nueva», opina este trabajador de un centro de llamadas de 59 años.
De la Espriella también propone una reducción del Estado al estilo del mandatario argentino Javier Milei.
«Representa (…) la libre creación de empresas y el libre mercado», dice Castellanos.
– Izquierda «aterrada» –
Cepeda prometió seguir con la insignia del gobierno saliente: estar del lado de los pobres, los jóvenes, los afrodescendientes y los indígenas.
«Alcanzó a dar la batalla», dice María Fonseca, estudiante de 22 años que llegó al Tequendama para respaldar a la izquierda. «Tengo miedo de qué puede pasar, de que (de la Espriella) gane», agrega.
La izquierda consiguió más de 9,6 millones de votos, según el preconteo de la entidad encargada de organizar las elecciones, más que en la primera vuelta de 2022, cuando Petro obtuvo unos 8,5 millones.
Para Carolina Ponzo, una curadora de arte capitalina de 70 años, el ascenso de la ultraderecha es «tenebroso» e «inesperado».
«Hay una globalización de la ultraderecha a nivel mundial que es aterradora», sostiene, y espera «el milagro que hizo Petro» para la segunda vuelta.
Atraídos por la promesa de fuertes apuestas sociales con Cepeda, algunos recorrieron cientos de kilómetros para acompañar al candidato de la izquierda en Bogotá, como representantes del pueblo indígena Kamsá en Putumayo, región amazónica fronteriza con Ecuador.
Entre el público del evento se distinguían la ropa con vivos colores, los sombreros y bastones característicos de los pueblos originarios en Colombia.
Para el balotaje, compiten «la democracia o el fascismo», dice Sandra Chindoy, senadora oficialista y líder indígena Kamsá, que acompañó el evento.
Si la izquierda logra ganar en segunda vuelta, Colombia tendría una vicepresidenta indígena por primera vez en su historia, la lideresa nasa Aida Quilcué.
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