
La antigua estrella de los Dallas Mavericks Dirk Nowitzki comenta un partido de la NBA por televisión en enero en Berlín
«Éramos habilidosos, no blandos». El día de su incorporación al Salón de la Fama de la FIBA, la leyenda de los Dallas Mavericks y del baloncesto alemán Dirk Nowitzki se muestra, como es habitual, humilde sobre su papel en la transformación del juego en las últimas décadas.
Cuando llegó a la NBA en 1998, en una época en la que a los jugadores europeos se les tildaba a menudo de blandos, Nowitzki, junto con Pau y Marc Gasol, no solo ayudó a cambiar esa percepción: propició una transformación duradera en el propio deporte.
El legado de Nowitzki, de 2,13 metros y 47 años, es que el pívot europeo habilidoso que puede lanzar a canasta dejó de ser una rareza para convertirse en el modelo del jugador de baloncesto moderno.
Ya siendo mucho más alto que los adultos mientras avanzaba en las categorías inferiores, el entrenador de toda la vida de Nowitzki y su mentor, Holger Geschwindner, le dijo al adolescente flacucho que se centrara en las habilidades fundamentales en lugar de ganar músculo.
«Conocí a Holger, que me enseñó a tirar y a moverme en la cancha. Yo pensaba que podía tirar un poco, pero cuando empezamos, él me dijo: ‘Estás haciendo todo mal'», explica Nowitzki a la AFP en Berlín.
«Empezamos desde cero, como si nunca hubiera lanzado antes», añade.
El icónico fadeaway a una pierna de Nowitzki, ese tiro indefendible que aparece una y otra vez en sus vídeos de mejores jugadas, surgió directamente de aquellas primeras sesiones de entrenamiento.

Dirk Nowitzki (izquierda) celebra el título de campeón de la NBA con los Dallas Mavericks junto a Jason Kidd, en Miami el 11 de junio de 2011
– «Jokic es un ejemplo perfecto» –
Elegido en el draft por los Milwaukee Bucks en 1998, Nowitzki fue traspasado de inmediato a los Dallas Mavericks, donde pasó toda su carrera de 21 años.
Aunque ya habían sentado las bases otros europeos como el serbio Vlade Divac y su compatriota alemán Detlef Schrempf, muchos estereotipos negativos seguían presentes.
«Cuando llegamos allí a finales de los 90, éramos altos y tirábamos a canasta. Eso se percibía como blandura, pero éramos habilidosos», comenta Nowitzki.
El ala-pívot reconoce que los cambios de reglas de mediados de los 2000, pensados para mejorar la fluidez del juego, también ayudaron, incluida la regla de los cinco segundos, que limitó las jugadas individuales.
«Si yo tuviera a Charles Barkley y le diera 10 segundos para botar, no podría frenarlo… Tuvimos suerte con esto los europeos de que el juego estuviera cambiando en el momento justo».
En 2007 Nowitzki fue el primer europeo en ganar el premio MVP de la NBA y solo el tercer no estadounidense en lograrlo, después del nigeriano Hakeem Olajuwon y del canadiense Steve Nash.
Hoy en día es lo habitual: ningún estadounidense ha ganado el máximo galardón individual del juego desde James Harden en 2018. Tres de esos premios fueron para el serbio Nikola Jokic, a quien Nowitzki considera la encarnación perfecta del jugador moderno.
«Jokic es un ejemplo perfecto de cómo se juega sin una posición fija. Puedes ponerlo en cualquier lugar de la cancha», explica.
El exjugador de los Mavericks y actual estrella de Los Ángeles Lakers Luka Doncic, y el pívot francés Victor Wembanyama, a quien Nowitzki elogió por «cambiar el juego mientras hablamos», continúan el legado europeo en la NBA.

Dirk Nowitzki (centro) junto a Luka Doncic (derecha) cuando coincidieron en los Dallas Mavericks
– «Momento magistral» –
Tres décadas después de su debut en Alemania, Nowitzki entra el Salón de la Fama de la FIBA.
Muchos le atribuyen ser la referencia para que Alemania se haya convertido en campeona del mundo y de Europa actualmente, pero él se resta importancia.
«No estoy del todo seguro de que sea así, pero si formo parte del camino de alguien y lo inspiré, eso es algo profundamente honesto de escuchar», dice.
Nowitzki añadió que entrar en el Salón de la Fama es «una forma bonita de cerrar una larga carrera internacional».
«Enseguida pensé en mis comienzos en la selección y en algunos de los primeros torneos. Viajar por Europa fue una experiencia increíble… Lo hace aún más especial el hecho de tenerlo aquí en Alemania».
«Mis padres pueden venir. Holger está aquí. Mi hermana va a venir. Así que tengo a algunas de las personas más cercanas, que estuvieron desde el principio hasta el final», explica.
Ahora comentarista en la televisión estadounidense, Nowitzki consideró saltarse la ceremonia de este martes debido a su cobertura de los play-offs de la NBA, pero la magnitud de la ocasión lo llevó a Berlín.
«Me subí a un avión el domingo para estar aquí y vuelvo directamente el miércoles después de la gala a Los Ángeles para trabajar», cuenta.
«Ha sido mucho. Pero quería hacer realidad un momento que merece la pena. Y como dije, esto viene a cerrar mi carrera internacional y los momentos y experiencias increíbles. Será divertido».
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