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domingo, febrero 1, 2026

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«¡Somos libres!»: el miedo merma en la Venezuela sin Maduro

«¡Somos libres!», gritan familiares de presos políticos que acampan frente a una cárcel en las afueras de Caracas. Bailan, sonríen, preparan la fiesta tras el anuncio de una amnistía general en Venezuela al cumplirse casi un mes de la caída de Nicolás Maduro.

 

Maduro fue depuesto por Estados Unidos, que lo capturó en una operación militar que incluyó bombardeos a la capital y otras regiones del país.

Delcy Rodríguez era su vicepresidenta y asumió el poder. Bajo presión estadounidense, la mandataria interina da señales del fin de la represión y el miedo que caracterizó los 27 años de gobiernos chavistas.

En el país se multiplican las expresiones de cambio: un estudiante interpela a la presidenta Rodríguez, la opositora Delsa Solórzano sale de la clandestinidad, una televisora privada rompe la autocensura y transmite imágenes de la líder opositora María Corina Machado. Acciones que anuncian un temblor democrático.

Y en el Rodeo 1, una cárcel de presos políticos en Guatire, unas 60 personas celebran el anuncio de una ley de amnistía.

Zoraida González, de 64 años, recuerda que bailó al ritmo de la tradicional canción ‘Alma llanera’. En el Helicoide, en el centro de Caracas, la gente escucha el discurso de Rodríguez por un celular y rompe en júbilo. «¡Libertad, libertad, libertad!», gritan unas. «¡Justicia, justicia, justicia!», otros.

«Me sentí libre, sentí que este país ya es libre», celebró González, que tiene un hijo detenido por supuestamente participar en un atentado contra Maduro en 2018. «Mi hijo es inocente y está ahí por algo que él no hizo».

«Es una transición democrática», sigue, «porque la verdad es que llevamos 25 años en una represión, hemos sido perseguidos, amedrentados».

Venezuela tiene unos 700 presos políticos, según la ONG Foro Penal. Rodríguez inició un proceso de excarcelaciones poco después de heredar el poder, que avanza, no obstante, muy lentamente.

 

– «Nueva etapa» –

 

AFP
Amigos y familiares de presos políticos escriben mensajes en una pancarta durante un acto de solidaridad en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, el 31 de enero de 2026

 

Los últimos años de Maduro estuvieron marcados por la represión y las detenciones, especialmente tras su cuestionada reelección para un tercer mandato.

El chavismo controla las fuerzas de seguridad, el aparato judicial y la administración pública, en las que además caló el discurso ideológico. También impone su fuerza en la mayoría de los sectores de la economía de este país dependiente de la renta petrolera.

El diputado opositor Tomás Guanipa tiene dos hermanos detenidos. Se le quiebra la voz cuando piensa que saldrán en libertad.

«Tiene que ser el inicio de una nueva etapa de libertad, pero también el cierre de una época de represión», dice a la AFP en su casa en Caracas. «Si uno se imagina hace un mes que estaríamos viviendo lo que estamos viviendo, nadie hubiese dado crédito».

Apuesta porque el país termine «en un proceso democrático donde el país recobre su soberanía nacional a través de la soberanía que reside en el voto popular».

 

– «Prematuro» –

 

Un grupo de voluntarios recolecta comida y productos de aseo personal en la Universidad Central de Venezuela para llevar a las cárceles.

María Isabel Centeno está entre ellos. Habla del «quiebre» tras la captura de Maduro y cómo «los estudiantes, la sociedad civil organizada, los familiares de los presos políticos son quienes han abierto este huequito (…) a través del cual podemos sentir un poco menos de miedo».

Pero el analista político Pablo Quintero considera «prematuro» sacar conclusiones, aunque no ignora el peso de la presión estadounidense. «El costo político de vetar una opinión de la disidencia a través de la persecución y la cárcel es muy alto».

Guillermo Tell Aveledo, profesor de estudios políticos en la Universidad Metropolitana, sostiene que «más que una disminución del ‘estado de terror’ por un cambio de convicciones en el poder», lo que hace el chavismo es «un tanteo de límites en el marco de esta estabilidad tutelada» por Estados Unidos. «Está siendo evaluado y vigilado».

Frente a unos calabozos de la Policía Nacional conocidos como Zona 7 está Alicia Rojas, de 65 años, cuyo esposo cayó en prisión en noviembre, acusado de terrorismo.

Es cautelosa sobre los cambios. «Existe temor… uno no sabe ni el vecino» que puede denunciarla.

A su espalda, en las rejas de la prisión, el famoso dibujo de los ojos inquisidores de Chávez con la frase: «Oligarcas temblad, viva la libertad».

 

© Agence France-Presse

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